El clima laboral se refiere concretamente a las condiciones o cualidades del ambiente de trabajo. El mal o buen clima influirá en la productividad de la empresa porque los que lo perciben son quienes componen la organización empresarial. El ambiente afecta directamente la conducta de los empleados; si existe un clima de trabajo pesado, no sería extraño encontrarnos con secretarias bostezando, gerentes con malhumor y administradoras con estrés al punto del despiste.

No tenga miedo a preguntar. El manejo social está en manos de la alta gerencia, por lo que es propicio que los directivos, encargados de la buena gestión de instrumentos de recursos humanos, monitoreen el ambiente laboral, ya sea con la observación, encuestas o la revisión de productividad.

Muchos empresarios se cohíben a proceder con este paso porque consideran que no se encuentran al alcance de saciar las expectativas de los trabajadores, quizás, porque creen que deben invertir muchos recursos en las soluciones. Sin embargo, el mal clima está ligado muchas veces a actitudes gerenciales que se pueden solucionar con un buen plan de gerencia.

¿Problemas de comunicación? Uno de los más comunes y destructivos síntomas de un mal clima laboral. Cuando no existe una comunicación clara de las funciones y objetivos de los empleados se crea un ambiente de incertidumbre, que afecta directamente al rendimiento de los trabajadores. Si no sabes lo que debes hacer y lo que deberías alcanzar ¿cómo se supone que puedes colaborar con la empresa?

Para esto es necesario contar con la capacitación comunicacional de todos los empleados, especialmente los que tienen cargos de liderazgo en la empresa.

Es importante ser propiciadores de un liderazgo flexible. La empresa no necesita un líder lineal y rígido que aplique los mismos métodos para cualquier circunstancia. Se requiere un ojo agudo y crítico capaz de actuar de distintas maneras dependiendo de cómo lo requiera el conflicto o plan de acción. Esto logrará que la empresa se maneje de manera propicia ante cada nuevo reto, una parte fundamental de nuestra posición en los escaños de las finanzas.

Marcus Buckingham, en su libro “Ahora, descubra sus fortalezas”, ha demostrado cómo, designando a cada trabajador en el área donde se desempeña mejor, se puede llegar al éxito empresarial. Se logra un trabajo de mejor calidad y el rendimiento del empleado será superior al que tuviera si estuviese realizando cualquier otra tarea, además se obtiene un ambiente más armónico.

“Si saltas, yo salto” por mucho, uno de los rasgos más importantes a la hora de girar la productividad en torno a su beneficio es la implicación. Esto se refiere al nivel de compromiso que tiene un empleado con la empresa. Si se mira detalladamente, depende también del compromiso que tenga la empresa con el empleado. Si una empresa presta un clima laboral favorable, el grado de implicación es mayor y, por consiguiente, el empleado está más dispuesto a hacer cualquier tarea que se le presente con la efectividad que esté a su alcance.

La implicación es tan efectiva como la voluntad que tienen los fanáticos a seguir los mandatos de su líder. Sea cual sea la razón por la que éste le sigue, existe un incentivo que pone la voluntad del subordinado en manos del jefe y, en este caso, la motivación recae en el buen clima laboral y el resultado, una mayor productividad. La empresa que logre esta hazaña tiene un largo camino recorrido en la búsqueda del éxito empresarial.