La crisis del 2007 parece, según algunos expertos estar repuntando, sobre todo en el sector de bienes raíces, donde hemos empezado a ver un aumento de los precios de los apartamentos y casas en diferentes zonas, un poco más alejadas de las grandes metrópolis.

La continuación de esta crisis y la falta de medidas económicas y políticas públicas sensatas hizo que el problema se fuera agravando cada vez más. Una de las cuestiones que más daño hizo a los consumidores fue la subida del precio del dinero o las tasas de interés, lo que provocó una restricción del crédito importante.

Estos préstamos de dinero, otorgados por los bancos y otras entidades financieras, eran comúnmente utilizados por los pequeños y medianos empresarios para mantener o expandir sus operaciones. Ante la imposibilidad de mantener el flujo de caja, una contracción de la demanda, la sobreoferta y otras tantas calamidades, las empresas comenzaron a cerrar, muchas personas perdieron sus empleos, mermó la confianza en los mercados y se comenzó a experimentar una especie de paralización de todos los aspectos de la vida económica de la sociedad.

Al cabo de unos años, después de varias reformas y cambios significativos en las políticas públicas y en la administración del dinero por parte de los ciudadanos, vemos como las cosas, poco a poco han ido mejorando, los índices de desempleo han disminuido, hay estabilidad, crecimiento e inversión. En general, un panorama mucho más alentador que el vivido hasta hace algunos años.

Los pronósticos sobre la crisis fueron, en el mejor de los términos, ingenuos e insuficientes, los problemas de liquidez y solvencia se prolongaron más allá de lo esperado y muchas empresas tuvieron que recurrir al concurso de acreedores para tratar de mantenerse a flote a través de un proceso de renegociación de sus obligaciones. En el caso particular de las bienes raíces esta nueva negociación consistió simplemente en un aplazamiento o extensión de los tiempos de pago que, como muchos de ellos pudieron comprobar quizás no fue la decisión más acertada, ya que la inestabilidad del mercado se mantuvo por un periodo mucho mayor al esperado.

A partir del 2013 los indicadores de rentabilidad, productividad, ventas, entre otros, han mejorado notablemente y el número de concursos de acreedores también ha disminuido. Actualmente, los acreedores y entidades de financiamiento, a diferencia de lo que sucedía en el pasado, están exigiendo a las empresas, sin importar su tamaño, una verdadera reestructuración y así un análisis completo de la organización: su funcionamiento, operaciones, estrategias…, con la finalidad de darle viabilidad al proyecto de negocios.

Estas organizaciones están dispuestas a financiar o, en muchos casos, refinanciar la deuda aceptando plazos de entrega mucho más largos, costos más ajustados, una leve reducción de las ganancias, conversión de deuda en capital, etc. Con el fin de ajustar dicha deuda a la capacidad de pago de la compañía.

En general, hay tres tipos de reestructuraciones:

  • Operativa: Comprende el conjunto de medidas o cambios específicos (de la fuerza de trabajo, de los activos, de los procesos de producción, etc.) necesarios para darle viabilidad a este plan.
  • Estratégica: Se trata de cambiar parcial o totalmente la visión empresarial y el camino a seguir para cumplir con esa meta. Describe el conjunto de acciones o pasos que forman parte de la planificación estratégica, así como los objetivos que la definen.
  • Financiera: Una vez tienes claramente definidos la misión, los objetivos, las estrategias y las acciones necesarias para transformar tu organización, ahora solo queda adecuar la parte financiera, es decir, redistribuir los recursos (o el capital) en función de esos nuevos planteamientos.

¿Cómo podemos identificar una empresa en crisis?

Normalmente, las empresas enfrentan dificultades en diferentes campos (económico, de personal, ventas, mercadeo, clientes, etc.). Pero cuando los problemas se agravan producto de una verdadera crisis, entonces surge la necesidad de realizar una reestructuración empresarial con el fin de salvar la compañía.

La situación de crisis no se presenta de forma súbita o inesperada. De hecho, debemos estar atentos a un conjunto de señales o alarmas y actuar rápidamente para evitar su agravamiento o, en el peor de los casos, la quiebra del negocio. Una tabla de comparación de indicadores económicos/financieros te será de utilidad.

¡Alarmas!!!!

En lo económico: Cuando los indicadores de rentabilidad son negativos o inferiores a la media sectorial.

Financiero: A corto plazo, la empresa no tiene suficiente efectivo para cumplir con sus obligaciones financieras, esto supone serios problemas de liquidez. Y, a mediano plazo, no posee los recursos suficientes para ejecutar el conjunto de medidas y estrategias de crecimiento o desarrollo, indicando problemas de solvencia.

Desde el punto de vista legal, los problemas son visibles cuando la empresa solicita un pre-concurso, una prórroga legal o está pensando en declararse en quiebra.

Indicadores de gestión: El primer factor dentro de la compañía que comienza a deteriorarse es la gestión empresarial. Antes de llegar a las últimas dos fases, la financiera y la legal, la parte administrativa empieza a dar señales de que algo no está funcionando y que sería prudente hacer una revisión integral del área operativa para encontrar la causa y poder así aplicar los correctivos de manera oportuna. Una caída de los ingresos, resultados negativos de forma continuada, reducción de la cuota de mercado y pérdida de posición competitiva son siempre motivo de preocupación para la gerencia de la empresa.

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Objetivos de la reestructuración financiera

En este caso hablamos de dos grandes grupos de objetivos:

El primero de ellos está orientado a resolver los problemas de liquidez en el corto plazo, de forma tal que puedas volver a pagar los gastos corrientes con los cobros corrientes. Esta acción tiene como finalidad dar a la empresa la suficiente flexibilidad financiera para que pueda recuperar en el menor tiempo posible su ritmo de trabajo y el control sobre sus operaciones.

El segundo objetivo de la reestructuración es la recuperación del valor de la compañía en el largo plazo a través de: la venta de activos, mejora del flujo de caja, capitalización bursátil, entre otras.