Numerosas organizaciones no están listas para enfrentar los periodos de crisis que forman parte normal de los ciclos económicos, es más, aunque estuvieran ampliamente preparadas, con un plan de contingencia adecuado para hacer frente a cada vicisitud, igualmente, muchas de ellas no conseguirían sobreponerse a los problemas financieros.

Antes de declararse en quiebra, casi todas las compañías presentan las mismas señales de alarma o emergencia, estos indicadores más allá de levantar sospecha o causar impresión deben conducir a los gerentes, administradores o dirección, a acciones efectivas dirigidas a mejorar la situación económica y financiera de la entidad en el corto y largo plazo.

La detección temprana de los problemas permite la toma de decisiones efectivas y el rescate de los procesos y factores de producción, así como un mejor uso del capital disponible.

A groso modo, la crisis empresarial se puede dividir en tres categorías: de gestión, financiera-económica y legal.

Lo más adecuado sería resolver la situación en la primera fase, es decir, cuando ya hay indicios de que existe una crisis de gestión como: pérdida de la cuota de mercado, un descenso en las ventas, reducción del flujo de caja, merma de la producción, disminución de las utilidades, etc. Estos son signos claros de que existe un problema grave dentro de la empresa y que debemos actuar.

Si la situación no mejora, la empresa comenzará a experimentar serios problemas de liquidez y no podrá cumplir con sus obligaciones crediticias, aumentará la carga fiscal y financiera, las acciones de la compañía perderán su valor, al igual que el capital de los accionistas y los acreedores.

Las personas responsables del bienestar de la entidad tienen la obligación de actuar de manera preventiva y ejecutar los planes que sean necesarios para evitar cualquier fuga de capital o pérdida que pudiera experimentar la organización.

¿Qué factores influyen en la crisis empresarial?

Causas externas

Económicas – La mala gestión empresarial es el principal factor de la crisis. Cuando el contexto es favorable, hay progreso, auge y bienestar, los pequeños errores se pasan por alto o se esconden sin inconvenientes. Sin embargo, en época de deterioro y estancamiento económico, estas fallas son más que visibles y dibujan un panorama bastante gris y oscuro.

El mercado – La competencia influye de manera directa en la estrategia empresarial. El auge de nuevas empresas en el sector, con una versión mejorada de nuestros productos o servicios a un costo más bajo, la fusión de varias competidores o el desarrollo de bienes sustitutos, por nombrar sólo algunos, ha llevado a las compañías a una verdadera guerra de precios con el único fin de ampliar su cuota de mercado y lograr posicionarse mejor en este.

La tecnología – El desarrollo de nuevas tecnologías y procesos de producción tienen un impacto importantísimo en el crecimiento o no de numerosos negocios. Pocas son las personas que, si no se adaptan a los cambios pueden mantenerse a flote. Hay muchos ejemplos al respecto, especialmente en el área de los emprendimientos tecnológicos que tienen un tiempo de “vida útil” bastante corto y efímero.

Regulaciones – Como vivimos en una sociedad organizada, todas las actividades se encuentran, de una u otra forma, reguladas. Estas normas, reglamentos y políticas pueden restringir o favorecer el avance de la empresa en un determinado momento.

Sociales – Las personas, es decir, los consumidores varían su comportamiento frecuentemente, esto a veces puede ser negativo y otras tantas, positivo.

Causas internas

Las debilidades de una empresa son responsabilidad directa del equipo directivo, una mala o buena gestión puede significar el fracaso o éxito de la compañía.

Una crisis de gestión puede ser el resultado de:

La falta de flexibilidad o adaptación a los cambios en el mercado: Lo único cierto en la vida y en los negocios es el cambio, cierto grado de incertidumbre es parte normal del día a día. Una buena gestión empresarial puede significar superación y crecimiento ante la adversidad o frustración y pérdida cuando no se toman las decisiones correctas.

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La ausencia de medidas de control: En una empresa deben existir controles a nivel operativo y financiero que puedan alertar de forma temprana a la gerencia o la dirección de la empresa de que hay ciertos problemas o amenazas y que es necesario aplicar medidas correctivas pronto.

Una estrategia de crecimiento errada: Muchos equipos directivos se preocupan demasiado por el crecimiento rápido de la compañía y no toman en cuenta la rentabilidad de la inversión o la capacidad operativa de la misma en el corto y mediano plazo, de manera tal que, una política de precios o una estrategia de mercado ineficiente puede generar pérdidas importantes en varios niveles.

Uso excesivo de apalancamiento externo (financiero) como método de financiación, lo que aumenta el nivel de riesgo y disminuye el margen de acción de los dueños o directiva empresarial.

¿Cuáles son las ventajas de una reestructuración financiera?

La más obvia es salvar a la empresa de la quiebra. Normalmente, las sociedades recurren a una reestructuración ante la ausencia de mecanismos de financiamiento alternativos para pymes. Es un último recurso antes de ir al concurso de acreedores.

Permite liberar a la empresa de ciertos proyectos y malas inversiones en sectores no productivos o menos beneficiosos.

Limita la capacidad de los acreedores y protege parcial o totalmente las inversiones patrimoniales o patrimonio no afecto en caso de que se presente una situación de crisis empresarial.

La mejor mesa de comparación entre una reestructuración y el concurso de acreedores muestra como la compañía puede llegar a perder todo su patrimonio, incluyendo aquellas inversiones no relacionadas de manera directa con su actividad comercial y ser liquidada por un monto menor al valor de mercado en caso de solicitar el pre-concurso.

En cambio, si la empresa realiza una reestructuración, aumentará el importe de los bienes inmuebles e inversiones financieras hechas en el mercado.

Muchas compañías prefieren mantener sus activos y obvian la parte financiera como elemento clave de la reestructuración empresarial.

Para obtener mayores beneficios, la dirección ordenará el traspaso de los bienes inmuebles a una nueva sociedad.